La ropa es un lenguaje, la primera capa que comunica quiénes somos.
Entre las varias automatizaciones de la vida cotidiana, la elección de la ropa de lxs niñxs es una que pocas veces cuestionamos. Una escena típica: las señoras que adivinan el género del bebé mirando de qué color es el enterito. ¿Rosa o celeste? Cuando el bebé tiene uno amarillo o un beige con ositos, bien neutro, se quedan absolutamente desconcertadas. La identificación del género a partir de un tono pastel, por ridículo que parezca, es uno de los clichés más difíciles de desafiar en nuestra sociedad.
¿Acaso es casualidad que las prendas para niñas estén llenas de flores, mariposas, corazones, unicornios, y que además tengan inscripciones —la mayoría de las veces en inglés— que las animan a ser dulces, suaves, buenas y felices? ¿Y por el contrario, que las prendas de varones, en colores más chillones, estén pobladas de animales feroces, autos de carreras, superhéroes y leyendas que los describen como valientes, capaces, ganadores y aventureros?
Romper estos estereotipos, por más incorporados que los tengamos, es un primer paso para criar niñxs más libres. La infancia es una oportunidad para liberarse de los mandatos pesados. En este sentido, las niñas pueden ser aventureras, enérgicas y valientes; los varones deberían tener permiso para comunicar sus emociones y disfrutar de las cosas bellas. Lo importante, en el fondo, es que las prendas que usen sean cómodas, prácticas, lxs hagan sentirse bien y muy a gusto para la tarea más fundamental de la que tienen que ocuparse: jugar, investigar, aprender y divertirse. En palabras del escritor italiano Gianni Rodari, autor de Escuela de fantasía, “El niño, cualquier niño, es un hecho nuevo y, con él, el mundo empieza de cero”.
La comodidad, la practicidad y la posibilidad de moverse sin condicionamientos deberían ser los puntos de partida para vestir a niñas y niños. Y más allá del binomio rosa/celeste, los unicornios y los autos de carreras, hay una paleta infinita de colores y personajes para explorar, que les despierten la curiosidad, fomenten su imaginación y les permitan volver a disfrutar de lo más esencial: sentir el viento en la cara, tocar el pasto fresco, ensuciarse las manos buscando tesoros. En resumen, seguir siendo niñxs libres.
Invitamos a la comunidad TRIBU a debatir sobre este tema en @holatribu y nos llegaron comentarios, experiencias y dudas que enriquecieron muchísimo la conversación y nos dejaron pensando.